La seguridad en los aeropuertos cada vez es más humillante y atenta contra todo sentido de la intimidad. Pasamos de un detector de metales, que generalmente solo sonaba con las personas de la 3a edad y sus caderas metalizadas, a múltiples revisiones que incluyen el despojarse de varias prendas de ropa, quitarse los zapatos para enseñar las miserias de los calcetines y contestar preguntas idióticas como ¿Carga usted armas?
Todas estas medidas de seguridad nos han hecho cambiar la emoción de ir al aeropuerto para salir de viaje, por estrés y una detallada planeación que va desde empacar las maletas correctamente, hasta llegar horas antes a los aeropuertos para evitar problemas.
Añoro los días de "Pásele, seguro fue su cinturón lo que sonó, no se preocupe"
Tampoco entiendo como mi rasuradora o mi minúsculo bote de alcohol desinfectante puedan ser una amenaza en un vuelo. "Cambie el curso del avión o le quito el bigote y se lo desinfecto!" Mientras que puedo llevar dos botellas de vino compradas en el duty free que descalabrarían hasta la persona de cabeza más dura.
En fin, ya veo llegar el día en el que tengamos que viajar completamente desnudos o simplemente dopados con una alta dosis de somníferos. Creo que me quedo con la segunda opción, solo por no tener que dejar de viajar un par de décadas para ir al gimnasio.
Nadie...


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